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Valle del Guadalhorce- Valle de Abdalajís

Conocido también con el sobrenombre de “paraíso de manantiales” por la abundancia de agua que existe en sus tierras, Valle de Abdalajís es, además de un destino ideal para los amantes de los deportes de aventura como el parapente o el ala delta, un pueblo cargado de historia que no dejará insatisfechos a aquellos que disfrutan conociendo el pasado de cada rincón de Andalucía.

Su situación estratégica, entre la Alta y Baja Andalucía, rodeado casi en su totalidad por el término municipal de Antequera y sólo abierto por un estrecho corredor al Valle del Guadalhorce, hizo que sus tierras fueran en lugar de paso importante a lo largo de la historia. Una realidad que queda demostrada en los numerosos vestigios de diferentes épocas encontrados en la zona.

La parte alta del pueblo es la más antigua y allí es donde podremos observar el típico trazado urbano de origen árabe. En su conjunto, uno de los edificios más interesantes es La Posada, considerada como una de las primeras edificaciones de la villa y que se encuentra en la calle Real. En sus inmediaciones se sitúa otra construcción destacada, el Palacio de los Condes del Cobro, del siglo XVI.

Otros enclaves importantes son: la Iglesia Parroquial de San Lorenzo, obra del siglo XVI y reformada en el XVIII; la Ermita del Santo Cristo, en la ladera del Picacho, desde el que se pueden obtener unas magníficas vistas panorámicas; el Convento Residencia de San José de la Montaña, fundado por la Beata Madre Petra a finales del siglo XIX; y los abundantes yacimientos arqueológicos encontrados en su término municipal con restos que van desde la época prehistórica hasta la árabe. Entre ellos están los yacimientos del Nacimiento, los del Cerro del Castillo y el de Cerro Pelao.

De su entorno natural, el protagonista principal es la sierra de nombre igual al del pueblo, que constituye un enorme telón de fondo calizo de las típicas casas blancas que se asientan a sus pies. La orografía de su término municipal es el principal atractivo para los que quieren practicar deportes como la escalada, el ala delta, el parapente, la bicicleta de montaña y el senderismo.

En viajero que muestre interés por la artesanía más tradicional de los vallesteros (gentilicio del Valle de Abdalajís) tendrá que poner sus ojos en los artículos elaborados con fibras vegetales como la palma o el esparto, como son los antiguos zurrones llamados candongos y la capacha o cesto para la comida. También encontrará cerrajería artística y otros elementos propios de la forja.

Si queremos degustar los manjares más típicos de la gastronomía de este municipio tendremos que probar los caracoles, las sopas de ajo, las de espárragos, la porra, las sopas perotas, las migas, las cachas, el pimentón y el gazpacho caliente.

En su calendario festivo, las fiestas más populares son: la Feria en honor a San Lorenzo, patrón del pueblo, que tiene lugar en agosto y que va acompañada del Concurso de Cantes de Verdiales; la Romería del Cristo de la Sierra, el primer domingo de mayo; el Carnaval, en febrero, y el Viernes de Dolores, en Semana Santa.

Este municipio se encuentra a 50 kilómetros de la ciudad de Málaga, desde la que se puede acceder tomando la carretera A-357, en dirección a Pizarra y una vez que atravesamos este pueblo, coger la A-343 que nos lleva al Valle de Abdalajís.