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Entrevista - Santi Rodríguez

El éxito y la fama le llegaron a Santi Rodríguez (@Santihumor) con el personaje del ‘frutero’, en la serie de TV 7 Vidas. Aunque todo empezó cuando, siendo un niño, se aprendió de memoria el famoso chiste de ‘los garbanzos’, de Paco Gandía. Es el primero de su familia que se dedica a la comedia, a la interpretación; una profesión que fue descubriendo poco a poco. Estudió Derecho, pero antes de terminar la carrera, ya tenía claro que no iba a ejercer de abogado. “No tengo ni recogido el título”. Orgulloso de haber nacido en Málaga, se siente “jaenero por los cuatro costados, porque me he criado en Jaén desde chiquitito y todos mis recuerdos de la infancia están en Jaén”

AC.: ¿Cómo fuiste descubriendo que te querías dedicar a la interpretación?

Santi Rodríguez: No hay un momento puntual en el que yo recuerde que diga, pues a partir de ahora… Creo que fui descubriéndolo de forma paulatina. Yo era un niño extremadamente tímido, hasta límites insospechados. Cualquier cosa me sonrojaba en el amplio sentido de la palabra. Entonces, casualmente, mi madrina de Málaga vino a casa con una cinta de Paco Gandía, me aprendí el famoso chiste de ‘los garbanzos’ y empecé a contarlo porque me dio el punto, y vi que hacía gracia. Poquito a poco fui aprendiendo más chistes, viendo que se me daba bien, utilizándolo para darme a conocer cuando llegaba a los sitios y, así, superando mi profunda timidez. Además, descubrí que disfrutaba con la sensación tan bonita, tan maravillosa de ver que, gracias a algo que tú haces, provocas en los demás una sensación agradable. Porque una de las cosas que me gusta, y que he mamado en casa, es echar una mano a los demás, no quedarte al margen cuando una persona lo está pasando mal. Y sentí que este trabajo podría servir para eso.

Mis comienzos fueron muy difíciles, cuando en el último año de carrera empecé a hacer actuaciones y a ganar un poco de dinero. Mi padre me dijo que me buscara la vida, que no iba a ser mi mecenas. Al terminar la carrera, pasé un veranillo bastante ajustado, pero salí a delante.

 

 

AC.: ¿Qué fue lo más duro que tuviste que vivir en esa época?

Santi Rodríguez: No tener una continuidad en las actuaciones, subir a Madrid… Recuerdo especialmente con no sé qué adjetivo, no sé si con tristeza, la primera vez que subí a Madrid  con mi cinta de vídeo debajo del brazo, a buscarme la vida. Me hospedo en una pensión que había cerca de Atocha, que era la cosa más horrorosa de este mundo; por supuesto sin que mis padres supieran prácticamente nada. Me volví para Granada, donde entonces vivía, muy decepcionado porque no había encontrado nada de lo que yo iba buscando. En aquella época visité a muchísimos representantes en Madrid, en Granada y en otros sitios, y todo el mundo me decía que me buscara la vida en otra cosa, que no valía para esto. También es cierto que uno lleva lo primero que hace, que se ve en la tele y parece que uno es gracioso… Seguramente llevaban razón en que, lo que ellos estaban viendo, no valía absolutamente para nada. Pero seguí luchando y aprendiendo todo por mi cuenta, porque no he recibido clases prácticamente de nada. Algún cursillo y poco más.

AC.: ¿Cómo superaste esos comienzos duros?

Santi Rodríguez: Fue por casualidad, cuando a mí y a un amiguete, con el que formaba un dúo, nos avisaron para una prueba de teatro. Me presenté por el compromiso con la persona que nos había facilitado la prueba, porque a mí no me apetecía mucho hacer teatro. Me dieron el papel protagonista. La obra era Anfitrión. Yo hacía de criado, y la gente se reía mucho con mi personaje. Fue una sorpresa para mí, porque yo no tenía ningún conocimiento de interpretación. El director, Paco Ortuño, me dijo: “Santi, tú tienes unas cualidades impresionantes y yo voy a intentar sacártelas”. Además de esa confianza, a Paco también le estoy muy agradecido por lo mucho que me ha enseñado.

Guardo con mucho cariño una crónica que hizo de la obra Jesús Vigorra, en la que decía que había visto a una persona (refiriéndose a mí) que él aventuraba que iba a ser el nuevo El Brujo en el teatro. Para mí fue mi primera carta de presentación, y me sirvió para reafirmarme, para tomar fuerza y seguir luchado.

AC.: Además de Paco Ortuño, ¿hubo alguien más que te ayudara en los comienzos?

Santi Rodríguez: Tomás Summers, quien también confió mucho en mí, y con el que tengo una amistad que durará toda la vida. Me ha enseñado mucho del mundo de la televisión, desde cómo estar delante de la cámara, a los peligros que tiene este mundo de caer en el narcisismo, en la soberbia. A ir relajadito por la vida, a no pensar que eres el amo del mundo porque salgas en televisión. Le agradezco que me haya recordado algo que es obvio: que somos uno más, un mortal más; que por mucho que nos doren la píldora, somos gente muy normalita.

 

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Santi Rodríguez en el espectáculo teatral Ave Sosia.

AC.: ¿En qué o en quién te inspiras a la hora de interpretar?

Santi Rodríguez: No me fijo prácticamente en nadie. Me dejo llevar por la intuición, intento imaginarme la situación que quiero contar. Tengo gente a la que admiro y he admirado mucho, pero no las tengo en cuenta a la hora de interpretar. Quizás por eso a lo mejor todo el mundo cuando me ven, uno de los defectos que me sacan es que siempre hago lo mismo. Bueno, tampoco sé hacer más. Yo soy así. La gente me recuerda por el frutero, pero si tú le quitas el texto y te quedas con la forma de decir las cosas,  no con las burradas que decía el frutero, es eso lo que soy. No puedo ser un Bardem ni lo pretendo. Y sería absurdo pensar que yo tengo posibilidades de hacer personajes distintos como tiene esta fiera del cine que es Bardem. 
Aunque haya hecho cosas, creo que a mí no se me puede considerar un actor. No tengo la preparación suficiente ni la capacidad para interpretar un ‘papelazo’ en una película. Me costaría horrores.

Me hace mucha gracia la ligereza con la que mucha gente se pone la etiquetita de actor con lo primero que hacen, sin preparación ni nada. El típico chico guapito que dice que es actor, que lo que ha hecho es una peliculita, y ya piensa que es un Laurence Olivier.

 

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Santi Rodríguez en la película No digas nada.

AC.: ¿En qué crees que reside la clave de tu éxito?

Santi Rodríguez: Tener en cuenta de que soy quien soy por el público. Por cuidar al público como ellos me cuidan a mí. Cuando termino un espectáculo, salgo a la puerta y me hago fotos con quien quiera. Considero que es fundamental atender a las personas que vienen a verme. Lo hago ahora y lo he hecho siempre.

AC.: ¿Qué consejo darías a una persona que esté empezando en tu profesión?

Santi Rodríguez: Fundamental, que no se deje llevar por los comentarios de nadie, ni amigos ni desconocidos. Que confíe en sus posibilidades, que ame profundamente su trabajo, que todo el tiempo que le eche es poco; y que respete muchísimo a la gente que va a verlo, al público. Porque nos olvidamos muchas veces, me incluyo porque en alguna ocasión puedo haberlo hecho, que esa gente que en un momento dado creemos que nos está molestando, es en parte responsable de que nosotros estemos más o menos arriba de lo que estamos. El público es el que nos sitúa en el lugar donde estamos. Me parece absurdo maltratar al responsable de que estemos donde estamos.

AC.: ¿Cuál es la lección más importante que te ha enseñado tu profesión?

Santi Rodríguez: Que lo mismo estás en la cresta de la ola, que estás bajo el mar. Tengo siempre en cuenta una frase que me decía mi abuela: a la gente hay que cuidarla subiendo porque te la vas a encontrar bajando.  Y hay otra frase que se la oí a Carlos Latre: la fama no hace gilipollas, los descubre. Si tú eres tonto, no es que la fama te haya convertido en tonto; tú venías ya tonto de antes.

Cuando estás en racha y te viene todo rodado, tienes que esforzarte en no dejar que el entorno te cambie. Porque luego vendrán rachas menos buenas. Es como cuando te toca la lotería, que vienen quinientos mil amigos que son falsos, esos que cuando dejas de tener dinero, desaparecen. Y a lo mejor olvidas a la gente que tienes cerquita y que son los que de verdad merecen la pena.

 

 

AC: ¿La lección más importante que te ha enseñado la vida en general?

Santi Rodríguez: Que la humildad es una llave que abre cualquier puerta.

AC.: ¿Cuáles son los valores que presiden la vida de Santi Rodríguez?

Santi Rodríguez: La humildad, el respeto hacia los demás, la educación. Y luego, intento ser sincero cada vez que puedo. A veces no lo soy por simple compasión hacia los demás. Hay ocasiones en las que no puedes ser todo lo sincero que deberías o que quisieras. Momentos en los que tienes que disfrazar un poquito la verdad para no herir. Pero intento ser sincero y leal a las personas que me rodean y quiero. Y solidario soy cada vez que puedo, cuando mi trabajo y mi familia me dejan tiempo. Al final, todo se reduce a tener un poquito de humildad, de respeto y de educación hacia los demás.

AC.: ¿Cómo te defines a ti mismo?

Santi Rodríguez: Como un tío muy normal, muy sencillote, al que le gusta su trabajo, amante de su familia. Más normal que mucha gente que se supone que lo es. A los artistas se nos ve como gente rara, seguramente nos lo hemos ganado a pulso, pero yo soy un tío que plancha, que  friega, que hace de comer y hace su cama como un tío cualquiera, un tío súper normal.

 

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Fotos del último Calendario de la Asociación Síndrome de Down de Jaén y Provincia.

AC.: ¿Cuándo y por qué empiezas a colaborar con la Asociación Síndrome de Down de Jaén y Provincia?

Santi Rodríguez: Fue de manera casual, y es una de las cosas de las que más orgulloso me siento. Me dieron un premio por la promoción de la provincia de Jaén y, en el mismo sitio donde me lo dieron, había una feria donde, entre otras, estaba esta asociación. Conocí a uno de los monitores, Manolo Hermoso, y me planteó pasarme por su sede. Un día me dio el punto, me pasé, y empecé a pensar en el modo en que yo podía ayudar. Lo primero que hice fue un calendario, hace ya siete u ocho años. Después empecé con la gala, que este año será la quinta.  El último fin de semana de septiembre, una gala que se llama Santi y sus amigos, en la que hay monólogos, magia, música… Además, durante todo el año, llevamos a cabo otros proyectos para lograr que estos niños tengan todo lo necesario, como monitores que puedan motivarles y cuidarles desde sus primeros años de vida. Para estos enfermos, la atención temprana es fundamental.

AC.: Un gran sueño cumplido.

Santi Rodríguez: La familia que tengo.

AC.: Un gran sueño por cumplir

Santi Rodríguez: Ver crecer a mi hija feliz y sin problemas.

AC.: ¿Qué significa para ti ser andaluz?

Santi Rodríguez: Ser una persona amable, con una visión de la vida optimista, que siempre piensa en positivo. Para mí lo que no significa ser andaluz es cumplir los topicazos que muchos tienen de nuestra tierra. Ser andaluz no es ser vago en absoluto.  Somos muy trabajadores, no como nos pintan por ahí. Ser andaluz es ser una persona con los brazos abiertos y expectantes a la gente que nos viene de fuera, para que se vayan de nuestra tierra amándola como la amamos los andaluces. Estoy en contra de los topicazos de Andalucía que fomentan algunos de fuera y muchos de los que están dentro. Para mí ser andaluz no es amar el flamenco, aunque haya cosas del flamenco que me gusten,  ni que estamos todo el día de cachondeo.

AC.: Un lugar de Andalucía para vivir y por qué.

Santi Rodríguez: Donde vivo, Jaén. Porque es la tierra que me ha visto crecer, donde tengo a mi familia y a muchos de mis amigos; porque es la tierra en la que me encuentro más arropado.

AC.: Un lugar de Andalucía para perderte y por qué.

Santi Rodríguez: En mi casa estoy muy a gusto. Como paso tanto tiempo fuera, la echo mucho de menos. Pero si tuviera que decir un sitio que no fuera ese: la Sierra de Cazorla.