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Pedro Romero

Pedro Romero

Figura cumbre del toreo del siglo XVIII y una de las más representativas de toda la historia de la tauromaquia, Pedro Romero nació en Ronda el 19 de noviembre de 1754 y allí también moriría un 10 de febrero a la edad de 85 años. Heredero de la ilustre dinastía de toreros iniciada por su abuelo, Francisco Romero, que fue el primero en emplear la muleta y el estoque para dar muerte a un toro, se dice que Pedro Romero mató a más de 5.600 toros a lo largo de su vida, siempre "recibiendo" y sin sufrir el más mínimo percance, un caso único. Jamás fue herido por los toros.

Tenía 17 años cuando mató su primer toro. Fue en su ciudad natal y actuaba como segundo espada de la cuadrilla de su padre, el también torero Juan Romero. Después vendría su debut en Sevilla y en Madrid, y su consagración como figura del toreo en 1776. En ese año estoqueó 285 toros y ya decían de él en Madrid que no había animal que le presentara dificultad.

También se ha dicho que él convirtió el toreo en una técnica precisa, exacta, sobria y eficaz, que preparaba a los toros para la muerte. Un estilo que luego se conocería como el propio de la escuela rondeña.

Se retiró de los ruedos el 20 de octubre de 1799, compartiendo cartel en Madrid con su hermano Antonio Romero, también torero, y con Pepe Hillo, este último matador sevillano con quien Pedro Romero vivió una de las competencias más apasionadas de la historia taurina y que fue causa de numerosos enfrentamientos violentos entre los partidarios de uno y de otro.

En 1830, cuando ya tenía 76 años, fue nombrado por orden del Rey director y maestro de la Escuela de Tauromaquia de Sevilla. Cuentan que allí se permitía hacer quites a los toros para salvar las malas situaciones de sus jóvenes alumnos.

Entre sus frases más célebres se encuentran: "El matador nunca debe saltar la barrera, ni huir con espada y muleta", "El cobarde no es hombre. Para torear se necesitan hombres", "El toreo no se hace con las piernas, sino con las manos". Los cronistas de la época cuentan que en sus faenas sólo jugaban los brazos.

El genial pintor Francisco de Goya lo inmortalizó en un retrato y en sus grabados de tauromaquia. Y en su ciudad natal existen dos monumentos dedicados a su memoria: uno en la Alameda del Tajo y otro en la Plaza de San Francisco, situada en el barrio rondeño que le vio nacer. Además, su popularidad en su tierra natal es tal que da nombre a las fiestas más importante de la localidad, las Fiestas de Pedro Romero, que tienen lugar a primeros de septiembre, con su tradicional Corrida Goyesca.